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¿Y si pudiéramos diseñar ciudades que pudieran mitigar el efecto isla de calor urbano?

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Traduccido por Javier Ponce de León

El planeta en su conjunto se está calentando cada vez más. De hecho, las ciudades con mayor crecimiento demográfico del mundo se están calentando aún más, debido al efecto isla de calor urbano. Este último se define como la tendencia de una ciudad a tener una temperatura más elevada que sus áreas rurales circundantes debido a que los materiales de construcción utilizados en ella, como el hormigón y el asfalto, retienen el calor.

Investigadores de la Academia China de las Ciencias informaron en el número de junio de la revista especializada Science China Earth Sciences que las temperaturas promedio en las zonas edificadas de Pekín (China) han aumentado 5°C entre 1984 y 2014. Durante este período de 30 años, la magnitud y la intensidad del efecto isla de calor urbano en Pekín se intensificó dramáticamente entre 2004 y 2014, período de especial expansión de la superficie impermeable: edificios, carreteras y aparcamientos.

Estas conclusiones resultan del análisis realizado utilizando el modelo informatizado de EcoCity, elaborado por investigadores para asistir a los urbanistas a diseñar ciudades que frenen el efecto isla de calor urbano.

Es un hecho bien conocido que los espacios verdes como los parques tienden a producir un efecto refrigerante en áreas urbanas. Sin embargo, hasta el momento, no se ha cuantificado rigurosamente la relación entre superficie utilizada y temperatura. En consecuencia, se presentan dos interrogantes: por un lado, saber cuántos espacios verdes deben ser construidos entre los edificios y los aparcamientos con el fin de lograr una temperatura global de la ciudad que sea agradable. Y por otro, dónde construirlos.

El modelo EcoCity pretende responder a esos interrogantes integrando imágenes de satélite de alta resolución; datos de temperatura y de otras variables meteorológicas; e información sobre la topografía, la infraestructura clave, la demografía y la economía.

Parte del modelo es descriptivo, es decir, permite a los investigadores delinear diferentes zonas funcionales tales como la residencial, la comercial y las zonas industriales dentro de una ciudad. También permite calcular la proporción de vegetación en relación con la superficie en cada zona y la manera en que la proporción de superficie impermeable afecta la temperatura en cada una de estas.

Tomando Pekín como estudio de caso, los investigadores se sirvieron del modelo para analizar la zona edificada de la ciudad. El resultado ha sido un 67,18 % de zonas impermeables y un 20,6 % de espacios verdes. Sin embargo, estas proporciones varían considerablemente dentro de la ciudad: la superficie impermeable representa más del 80 % en las zonas residenciales y comerciales, pero es inferior al 50% en las zonas industriales.

Los investigadores han analizado cinco imágenes satelitales (tomadas en 1984, 1994, 2004, 2009 y 2014) que demuestran la variación del efecto isla de calor urbano en Pekín a lo largo del tiempo. En 1984, las zonas más afectadas eran el extremo occidental de la ciudad y el distrito de Dongcheng; pero, para 1994, las zonas más afectadas pasaron a ser Haidian, Chaoyang y Fengtai.

Los investigadores sostienen que estas estimaciones podrían ayudar a las autoridades de la ciudad a prever qué zonas de la ciudad son más vulnerables a las olas de calor.

Otras características del modelo permiten simular la expansión de ciudades y la intensidad del efecto de calor urbano, según diferentes situaciones hipotéticas. Este tipo de análisis también permite señalar donde han de ser construidos los espacios verdes para regular la temperatura de la ciudad de forma más eficaz.

En Pekín, la construcción de espacios verdes resulta más eficaz en zonas comerciales, junto a carreteras y en zonas residenciales. Los proyectos en las zonas industriales presentan el efecto refrigerante más provechoso.

«La parte meridional de Pekín tiene la temperatura en la superficie más elevada del distrito administrativo debido a una proporción de espacios verdes baja», según los investigadores. A medida que estas zonas edificadas se reurbanizan, los urbanistas deberán tratar de incrementar la proporción de espacios verdes para mitigar una parte del calor.

Algunas conclusiones son bastante intuitivas; sin embargo, el hecho de poder cuantificar los efectos refrigerantes de los espacios verdes confiere fuerza al argumento en favor de la presencia de nuevos parques de bolsillo y otras alternativas similares.

Aun así, el equilibrio entre los objetivos medioambientales en conflicto dentro de las ciudades sigue siendo delicado: incorporar suficientes espacios verdes para abordar el efecto isla de calor urbano, al mismo tiempo que se conserva la forma de la ciudad suficientemente compacta como para facilitar una eficiencia energética (transitabilidad y transporte público) que ayude a abordar el cambio climático.

Fuente: Kuang W.H. et al. “An EcoCity model for regulating urban land cover structure and thermal environment: Taking Beijing as an example. Science China Earth Sciences. 2017.

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