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¿Podemos luchar contra la pobreza y el cambio climático al mismo tiempo?

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Traducido por Javier Ponce de Leon

Sabemos que la mejor manera de pronosticar la huella de carbono que deja una persona es mediante sus ingresos. La pregunta es: ¿cómo conciliar el objetivo de erradicación de la pobreza extrema con aquél de mantener el calentamiento global en 2 °C?

Investigadores de la Universidad de Maryland abordan esta pregunta en un trabajo publicado hoy en Nature Communications. Para ello han utilizado datos de agencias nacionales de estadística y de la base de datos sobre consumo global del Banco Mundial con el fin de estimar la huella de carbono que dejan personas situadas en distintas categorías de ingresos, en 189 países. Luego, han calculado las emisiones extras que se generarían si estas personas mejoraran su nivel de vida y pasaran, en consecuencia, a formar parte de categorías de ingreso más altas. Finalmente, han calculado el calentamiento global adicional que resultaría de dichas emisiones.

«Lo bueno es que, sacar gente de la pobreza extrema no implica un aumento importante de carbono», sostienen los investigadores. El término pobreza extrema se utiliza para definir a “cualquier persona viviendo con menos de $1,90 por día”, y representa a un quinto de la población de los países en desarrollo, sobre todo a los países del sudeste asiático y del África subsahariana. Si las personas que viven en extrema pobreza ascendieran a la próxima categoría de ingresos, comprendida entre $1,90-$2,97 por día, las temperaturas globales aumentarían tan solo un 0,05 °C por arriba de las expectativas de calentamiento global previstas para fin de siglo.

El resultado refleja la baja huella de carbono que dejan los pobres en el mundo. Los investigadores calcularon que los 840 millones de personas que viven en pobreza extrema en el mundo son responsables, en su conjunto, de menos de un 4% de las actuales emisiones globales. La gente situada en esta categoría de ingresos deja una huella de carbono promedio de tan solo 1,9 toneladas anuales de dióxido de carbono.

Sin embargo, una reducción de la pobreza más ambiciosa provocaría una ligera aumentación en el balance de carbono[1] global. En un segundo análisis, los científicos estudiaron lo que ocurriría si la mitad de la población que vive con menos de $2,97 por día pasara a formar parte de lo que la comunidad científica llama «la clase media mundial». No obstante, esta última categoría de ingresos, que comprende a las personas que viven con $2,97-$8,44 por día, posee una calidad de vida bastante modesta, sobre todo si se le compara con los países desarrollados, donde esos ingresos son considerados por debajo de la línea de la pobreza. Aunque en este caso, el aumento del calentamiento global para fin de siglo sería enorme: 0,6 °C.

De acuerdo a una serie de cálculos realizados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, si se quiere albergar alguna posibilidad de que el calentamiento global no supere los 2°C, las emisiones de carbono deberán reducirse en un 4,4% anual a partir de 2017. En el caso de una reducción de la pobreza más ambiciosa, como el citado anteriormente, el incremento de las emisiones de carbono seria del 4,5% anual y 5,5% anual en el caso del segundo análisis citado también en el párrafo anterior. Así lo certifica el nuevo estudio realizado.

En otros términos, la descarbonización debería aumentar en un 2,8% si se apunta a erradicar la pobreza extrema y en un 27% si el objetivo es lograr que todo el mundo ascienda a la categoría de clase media mundial.

Para resolver el conflicto, los países ricos deberán hacer algo más que descarbonizarse, sostiene los investigadores. Esto se debe a que el 10 por ciento más rico de la población mundial es responsable del 36% de las emisiones de carbono. Las personas que pertenecen a ese grupo dejan una huella de carbono promedio anual de 26,3 toneladas de dióxido de carbono. En consecuencia, la manera más eficaz de luchar contra el cambio climático es cambiar el estilo de vida de los más ricos para que reduzcan su huella de carbono. Además, esto permitiría incrementar la calidad de vida de las personas más pobres.

[1] El balance global es el equilibrio entre intercambios (ingresos y pérdidas) de carbono entre los reservorios o entre una ruta del ciclo específica (por ejemplo, atmósfera-biosfera).

 

Fuente: Hubacek K et al. “Poverty eradication in a carbon constrained world.” Nature Communications. 2017

Imágen: UK Department for International Development via Flickr.

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