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Enfrentando el costo ambiental de la marihuana

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Traducido por Brenda Moreno Espinosa

Al pensar en la huella ambiental de la agricultura, los sospechosos de siempre saltan a la mente: el maíz, el algodón y la soja, vastos cultivos de productos de uso intensivo de recursos. La marihuana no ocupa un lugar destacado en la lista, sin embargo tal vez lo debería tener. “A pesar de su pequeña huella actual en cuanto al uso de la tierra; si no se realizan cambios en el patrón espacial de su expansión, el auge de la agricultura de cannabis probablemente creará amenazas sustanciales al medio ambiente circundante”. Esto lo mencionan los autores de un estudio de cultivo de marihuana, divulgado en la revista científica Fronteras en Ecología y Medio Ambiente, publicada por la Sociedad Ecológica de América.

Dirigidos por el científico ambiental Ian Wang de la Universidad de California, Berkeley, los investigadores utilizaron imágenes satelitales para comparar granjas de marihuana y cosechas de madera en el condado de Humboldt en California, entre 2000 y 2013. El condado de Humbold County forma parte del llamado triángulo esmeralda del norte de California, la más grande región productora de marihuana en los Estados Unidos.

Mientras que otros investigadores han estudiado las intensas exigencias de agua de la marihuana y el uso frecuente de pesticidas por parte de los agricultores, el equipo de Wang se concentró en la contribución de las granjas a la deforestación y la fragmentación del hábitat. Descubrieron que las granjas de marihuana, que por ley no pueden tener más de un acre de extensión, salpican los bosques de la región como un mosaico. A menudo, los cultivos se plantan en tierras despejadas en las arboledas previamente intactas. Esta disposición interrumpe la ecología del bosque central.

Sin duda, se tala mucho más bosque de madera que de marihuana en el condado de Humboldt, pero por acre, el cultivo de marihuana genera más efectos de fragmentación. Y aunque los resultados de Humboldt no se pueden aplicar automáticamente en todas partes, dado que las prácticas agrícolas pueden variar según las regiones, las lecciones de este y otros estudios son ampliamente aplicables. El cultivo de marihuana puede ser bastante destructivo. Y con uno de cada ocho adultos estadounidenses que afirman fumar marihuana y el uso médico o recreativo ahora legal en 29 estados, así como en el Distrito de Columbia, la demanda seguirá creciendo.

En cuanto a California, dice el coautor del estudio Van Butsic, especialista en cambio de tierras en Berkeley, “esperamos que los impactos de la industria del cannabis continúen aumentando si no se hacen cumplir las próximas leyes de permisos ambientales”.

Butsic se refiere al desarrollo en curso de nuevas regulaciones de cultivo de marihuana en California. Escribir éstas será complicado: permitir granjas más grandes podría reducir la fragmentación, pero también podría resultar en operaciones a escala industrial que empujen a los pequeños agricultores a la quiebra. Una opción, dice Butsic, es restringir las granjas de marihuana a áreas ya utilizadas para la agricultura. Explica que “esto limitaría la deforestación y la fragmentación”. “Por supuesto, que esto podría significar reemplazar algunos cultivos agrícolas tradicionales con cannabis, algo que algunas personas se oponen también”.

Fuente: Wang et al. “El cannabis, un cultivo agrícola emergente que conduce a la deforestación y la fragmentación”. Fronteras en Ecología y Medio Ambiente, 2017.

Imagen: Jurassic Blueberries / Flickr

 

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