Una respuesta efectiva contra el cambio climático depende de la esperanza y no del miedo

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Traducido por María Fernanda Enríquez

El verano pasado, David Wallace-Wells publicó  un artículo escalofriante sobre el cambio climático en la revista New York. (La primera frase dice: “Les prometo que es peor de lo que se imaginan.”)

El articulo provocó un debate no sólo sobre la fiabilidad de sus calamitosas predicciones pero también sobre el hecho de asustar a la gente como estrategia.  Algunas personas mantienen que necesitamos asustarnos para tomar acción contra el cambio climático.  Otros argumentan que es contraproducente asustar a las personas porque nos paraliza.

Uno de los motivos del debate es que hay relativamente poca investigación sobre la psicología del cambio climático.  Es claro que los desastres naturales relacionados con el cambio climático afectan la salud mental de las personas directamente involucradas.  ¿Pero cuáles serían los efectos de una concientización diaria del cambio climáticos como una amenaza a escala planetaria?

Un nuevo estudio en el periódico Global Environmental Change aborda este tema. Aunque es bastante pequeña, los investigadores analizaron respuestas a encuestas virtuales de 342 padres de niños que viven en Estados Unidos – y es en la actualidad uno de los pocos estudios para observar que factores psicológicos están ligados con comportamientos ambientalmente respetuosos.

El estudio no aborda directamente la pregunta si el miedo extremo ayuda o daña a los esfuerzos por luchar contra el cambio climático.  Pero los resultados muestran una foto bastante matizada y sorprendente que sugiere que la motivación para actuar contra el cambio climático no es realmente por miedo, pero depende de estrategias psicológicas de respuesta que ayudan a las personas a manejar sus preocupaciones sobre el medio ambiente.  Estas estrategias de respuesta, y las acciones que estimulan son esencialmente una forma de esperanza.

Los investigadores encontraron que las personas que se preocupan más acerca del medio ambiente presentaron también más síntomas de depresión.  Pero no necesariamente asumieron comportamientos ambientalmente más responsables.  Esto quiere decir que asustar a las personas no es un prerrequisito para que adopten comportamientos ambientalmente responsables.

En cambio, las personas involucradas en estrategias psicológicas de respuesta para manejar sus preocupaciones ambientales tuvieron comportamientos ambientalmente responsables. Y además no presentaban síntomas de depresión.

Las estrategias de respuesta pueden ser positivas (expresar las emociones, solucionar problemas) o negativas (negación o culpa, resignación). Los investigadores mantienen que estudios futuros deberían tratar de identificar que estrategias de respuesta están vinculadas con comportamientos ambientales responsables.

Por ahora, es claro que las preocupaciones ambientales “pueden facilitar la depresión o aislamiento del problema de cambio climático, o puede haber una vinculación activa y enfoque para mitigar los efectos del cambio climático.”  El factor relevante no parece ser el grado de preocupación – aunque los autores sugieren que el terror extremo puede paralizar – pero si las personas pueden traducir este nivel de preocupación en acciones útiles.

 

Fuente: Helm S.V. et al. Differentiating environmental concern in the context of psychological adaptation to climate change.” Global Environmental Change. 2018.

Imagen: B Rosen vía Flickr.

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