Por qué la geoingeniería no podría salvar a los cultivos del cambio climático

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Traducido por María Fernanda Enríquez

Una técnica de geoingeniería que refleja luz solar hacia el espacio antes de que entre en la atmósfera terrestre y mediante la cual logra enfriar el planeta tendría también el efecto adverso de debilitar el crecimiento de cultivos, según un nuevo estudio publicado en Nature. Este descubrimiento cuestiona el valor de la geoingeniería – la manipulación a gran escala del clima terrestre – como herramienta para proteger nuestro sistema alimenticio del cambio climático.

El colocar partículas que reflejan el sol hacia el espacio – una técnica llamada Manejo de la Radiación Solar (SRM) ha ganado tracción en años recientes como un método prometedor de geoingeniería que nos podría ayudar a librarnos del cambio climático.  Pero el estudio liderado por la Universidad de California en Berkeley encontró que mientras SRM podría desviar el calor para enfriar nuestro planeta y sus cultivos, también limitaría la cantidad de luz solar que llega a las plantas. Esto reduciría la cantidad de fotosíntesis que necesitan para producir alimentos.

La luz solar lo impulsa todo en el planeta, por lo cual debemos entender los posibles resultados si vamos a tratar de manipularlo.

 

Al observar cosechas de maíz, trigo, soya y arroz, los investigadores encontraron que las técnicas de SRM podrían dañar los cultivos tanto como los podrían beneficiar.  Por ejemplo, bajo esta técnica los cultivos mundiales de maíz pasarían por un enfriamiento que aumentaría su rendimiento en 6.3%.  Pero este logro sería eliminado por el efecto de la reducción de la luz solar, que reduciría las cosechas en 5.3%.

Cuando los investigadores simularon los efectos de SRM en el futuro entre 2050 y 2069, encontraron que los rendimientos de maíz serían reducidos a casi la mitad.  Otros cultivos básicos como arroz, soya y trigo experimentarían una reducción de 28% bajo los efectos de las técnicas de geoingeniería.  Por lo tanto, a pesar de que SRM podría ser beneficiosa en reducir la temperatura, los efectos de reducir la luz solar eliminarían los beneficios para los cultivos – convirtiendo a esta técnica en obsoleta para ayudar a la agricultura a sobrevivir a los efectos devastadores del cambio climático.

Los investigadores realizaron sus descubrimientos de una manera inusual: usando información histórica de volcanes. Los volcanes emiten partículas en la atmósfera que oscurecen la luz solar y crean un efecto de enfriamiento, convirtiéndolos en los “análogos naturales más cercanos” a la técnica de SRM, según los autores del estudio. Utilizando datos de cientos de estaciones que miden la radiación solar en el curso de 30 años, conectándolos luego con datos sobre rendimientos agrícolas de ese periodo, pudieron establecer vínculos entre cambios globales en radiación solar – como resultado de eventos como volcanes – y rendimientos de cultivos mundiales.

Esto mostró cambios en productividad que coincidieron con erupciones históricas de volcanes, como la erupción de El Chichón en México en 1982, y el Monte Pinatubo en Filipinas en 1991. Conectando esta información con una simulación que observa los efectos de futuras medidas de SRM, los investigadores mostraron que la geoingeniería intensiva podría tener impactos similares en los cultivos mundiales.

Los hallazgos no se deben tomar como un rechazo a la geoingeniería, que podría ser beneficiosa para otros sectores.  Pero el estudio destaca que es aún un método poco conocido para solucionar los complicados misterios del cambio climático.

Hasta que comprendamos las formas complejas en que nuestras intervenciones ambiciosas podrían impactar al planeta, la reducción de las emisiones de carbono es la única manera segura para resguardar el futuro de nuestro alimento.  “La luz solar lo impulsa todo en el planeta, por lo cual debemos entender los posibles resultados si vamos a tratar de manipularlo,” concluyen los investigadores.   

Fuente: Proctor et. al. “Estimating global agricultural effects of geoengineering using volcanic eruptions.” Nature. 2018.

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