A medida que las personas confinan a los mamíferos a la noche, aparecen nuevos problemas.

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Traducido por Brenda Moreno Espinosa

 

Entre las ideas científicas más fascinantes en la memoria reciente, está la observación de que muchos mamíferos se vuelven más nocturnos en respuesta a la actividad humana.

Hay una cierta poesía en la idea de la noche como refugio en un mundo dominado por humanos, sin embargo, en un estudio publicado en la revista Biological Conservation, investigadores describen algunas de las implicaciones prácticas y potencialmente desafortunadas de este cambio, el cual puede convertir hábitats aparentemente verdes, en inhóspitos para ciertas especies.

Liderados por la ecologista Hila Shamoon de la Universidad de Tel Aviv, los investigadores instalaron cámaras activadas por movimiento en 100 sitios a lo largo de viñedos y áreas naturales protegidas en la costa mediterránea del norte de Israel. Los viñedos son un corredor ecológico designado a nivel federal, delimitado por vías expresas y que permite el paso de animales a través otro paisaje desarrollado.

El equipo de Shamoon monitoreó los movimientos de cinco especies: gacelas de montaña y sus principales depredadores, chacales dorados, así como puercoespines con cresta india, zorros rojos y jabalíes. En las áreas protegidas y los viñedos poco utilizados, estos animales eran bastante activos. No obstante, a medida que la presencia humana aumentó, los movimientos diurnos de los animales disminuyeron. Están «concentrados en un espacio cada vez más corto a lo largo del incremento de actividad humana «, escriben los investigadores.

Los zorros y particularmente los chacales prosperaron en esta corta ventana nocturna. Su cantidad y presencia aumentó dramáticamente en los viñedos más cercanos a los asentamientos humanos. Esto dejó a las gacelas sin mucho espacio, ya que durante el día se esconden de las personas y en la noche deben esconderse de los chacales. El equipo de Hamoon escribió que para ellas, «no queda ningún espacio temporal fuera de peligro». En lugar de no tener a dónde ir, ahora tienen que irse.

«Nuestros hallazgos sugieren que los cambios de comportamiento en una especie debido a la actividad humana limitan la capacidad de otras especies para utilizar corredores ecológicos aparentemente funcionales», escriben los investigadores. En lugar de una barrera física para las gacelas y otras presas en hábitats ricos en naturaleza, existe una barrera de comportamiento que «puede acelerar la fragmentación en paisajes aparentemente abiertos».

Si bien este estudio se centró en una pequeña parte de Israel, la dinámica básica puede encontrarse en otros lugares. Es algo para tener en cuenta al planificar corredores de vida silvestre y hacer que las áreas impactadas por humanos sean permeables a los animales mientras migran o se adaptan a los climas cambiantes. Dada la importancia de las regiones agrícolas para estas tareas, es vital comprender más. Los hallazgos también son una precaución útil: la presencia humana es omnipresente, y lo que parecen ser adaptaciones útiles a veces pueden convertirse en problemas.

Fuente: Shamoon et al., «El aumento de la nocturnidad de los mamíferos en los paisajes agrícolas da como resultado la fragmentación debido a los efectos de cascada». Biological Conservation, 2018.

Imagen: Hila Shamoon

Sobre el autor: Brandon Keim es un periodista independiente especializado en animales, naturaleza y ciencia, y el autor de El ojo de la lavandera: historias del mundo viviente. Conéctese con él en Twitter, Instagram y Facebook.

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