El cambio climático hace del océano un estofado tóxico.

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Traducido por Brenda Moreno Espinosa

Ha sido un verano difícil para las ballenas asesinas residentes del sur, tres familias extensas de orcas que surcan las aguas entre Seattle, Washington, Vancouver y Columbia Británica.

El miembro más joven del clan, una hembra nacida en julio, vivió solo media hora. La madre, conocida como J-35 o Tahlequah, llevó el cuerpo de su cría durante 17 días y más de 1,000 millas, una exhibición que para muchos observadores humanos parecía dolor o protesta, y reflejaba sus propias emociones. Luego, en septiembre, los investigadores dijeron que una hembra carismática de cuatro años llamada J-50 o Scarlet, cada vez más enferma y demacrada durante todo el verano, había desaparecido y se presumía muerta. Eso llevó a la población residente del sur a solo 74 ballenas.

Las amenazas a las que se enfrentan estos animales a menudo se leen como una letanía: el tráfico de barcos y el ruido a través de una de las rutas marítimas más transitadas del mundo; la pérdida de hábitat, el cambio climático y las represas hidroeléctricas que contribuyen a la escasez de salmones Chinook que constituyen la gran mayoría de la dieta de las ballenas; contaminantes tóxicos que magnifican la cadena alimentaria para alcanzar concentraciones peligrosas en los cuerpos de estos vitales depredadores.

De acuerdo a  un equipo de investigadores de la Universidad de British Columbia en un artículo publicado el 7 de septiembre en la revista Scientific Reports, estos problemas no están separados,  sino que son sinérgicos. El cambio climático aumentará la exposición de las ballenas a la acumulación de contaminantes como el mercurio y los bifenilos policlorados (PCB).

Para llegar a esa conclusión, los investigadores utilizaron modelos informáticos para rastrear el flujo de biomasa, energía y contaminantes tóxicos a través de la red alimenticia sobre la cual se asientan las ballenas asesinas del sur. Repitieron el análisis para diferentes escenarios de cambio climático.

El cambio climático puede alterar los niveles de contaminantes en parte al cambiar la abundancia de diferentes grupos de organismos; por ejemplo, en un escenario de altas emisiones, el salmón chinook come más calamares y menos peces pequeños como el arenque. Las tensiones como el cambio climático también podría desencadenar un fenómeno conocido como bioamplificación, lo que significa un aumento de la concentración de contaminantes en los cuerpos de los animales marinos cuando pierden peso.

En general, los investigadores calcularon que si continúan las altas emisiones de gases de efecto invernadero, las concentraciones de mercurio orgánico de las orcas aumentarán en un 8% y los PCB en un 3% para fines de siglo, en comparación con un escenario de control en el que el clima actual permanece constante.

Se espera que las concentraciones de mercurio en las ballenas aumenten, con cambio climático o no, es solo que el cambio climático acelerará la acumulación de este contaminante en los cuerpos de las orcas.

En contraste, las concentraciones de PCB, un grupo de productos químicos que fueron prohibidos en la década de 1970, en las orcas probablemente caerán sustancialmente a lo largo del siglo. Pero esto ocurrirá un poco menos rápidamente con las altas emisiones continuadas, dejando a las ballenas más vulnerables a estos contaminantes durante más tiempo. Las ballenas residentes del sur se encuentran entre las poblaciones con la mayor carga de PCB en el mundo.

La buena noticia aquí es que la lucha contra el cambio climático también disminuirá los impactos de la contaminación en estas orcas. En un escenario de bajas emisiones, las concentraciones de mercurio en las ballenas solo aumentarán en un 1% y los PCB en menos del 1% en comparación con el escenario de control, calcularon los investigadores. Ese es un pequeño pero real rayo de esperanza y, después de este verano, uno muy necesario.

Fuente: Álava J. J. et al. “Amplificación proyectada de la bioacumulación de la cadena alimenticia de MeHg y PCB bajo el cambio climático en el Pacífico nororiental”. Scientific Reports. 2018.

Imagen: * starrynight1 via flickr.

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