Para reducir las emisiones, comer verduras, no comer localmente, es la clave

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Traducido por María Fernanda Enríquez

Según un nuevo estudio, para los europeos preocupados por la huella ambiental de sus alimentos, la tendencia popular de “volverse local” no es la solución. En cambio, reducir la ingesta de carne y productos lácteos que tanto gustan a los europeos es una herramienta mucho más poderosa para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE. 

Publicado en Global Food Security, el estudio a escala continental mostró que las emisiones provenientes del transporte de alimentos a los 28 países de la Unión Europea son insignificantes en comparación con las que se derivan de la producción de lácteos y carne. La dieta promedio de los europeos produce 1070 kilogramos de CO2 equivalente cada año, y el 75% de esas emisiones provienen de los productos lácteos y la carne.

El alto costo ambiental de estos productos se remonta al impacto de la conversión de bosques y turberas en pastizales para la cría de animales y para el cultivo de alimentos para animales (como la soja). La limpieza de la tierra libera enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, y de hecho, el estudio descubrió que solo este proceso representó el 30% del impacto de las emisiones en la dieta de la UE. Algunas otras fuentes importantes fueron el manejo de estiércol (que puede liberar gases de efecto invernadero como el metano) y la aplicación de fertilizantes para cultivos en crecimiento. En comparación con todo esto, el impacto del transporte y la importación de productos a Europa fue sorprendentemente bajo: representó solo el 6% de las emisiones alimentarias de la UE. 

Esto desacredita la noción de que “comer localmente” reducirá el impacto de una dieta regular. Incluso si el ganado se cría localmente, por ejemplo, los alimentos producidos para alimentarlos, como la soja, involucran el desmonte de tierras para el cultivo, lo que conlleva una serie de impactos adicionales que no pueden evitar ni el ganado criado localmente. “La gente tiende a pensar que consumir localmente será la solución al cambio climático, pero resulta que el tipo de producto que comemos es mucho más importante para el impacto general”, dicen los investigadores. 

Los estudios anteriores normalmente han ido sobre la estimación del impacto dietético de la UE al observar la producción nacional de alimentos. Según los investigadores, la diferencia en este estudio es que sus estimaciones se basan en los alimentos que realmente se consumen. Al ampliar su definición, pudieron analizar el 95% de la energía total consumida en la UE: profundizar en la complicada red del comercio mundial de alimentos, rastrear cada tipo de alimento a través de la cadena de suministro y medir su impacto ambiental. 

Esto creó una imagen mucho más realista del impacto medio de la dieta europea en el planeta, especialmente en torno a la cría de animales y la producción de alimentos para el ganado. Estos dos costos ambientales principales a menudo se manifiestan en otros países, lo que significa que, por lo general, tal vez no se tengan en cuenta en las estimaciones nacionales, lo que luego refleja pobremente la intensidad de las emisiones de la UE.

En última instancia, el estudio calculó que el impacto de las emisiones de las dietas europeas era en realidad un 40% más alto que otras estimaciones de impacto estándar. Los investigadores explican que “los países de la UE desplazan muchas más presiones ambientales al resto del mundo a través de las importaciones de productos, en comparación con las presiones desplazadas a la UE por el resto del mundo”. 

Sin embargo, esto puede cambiar. Per capita, el ciudadano medio de la UE consume 80 kilos de carne y 240 kilos de leche, en comparación con un promedio mundial de solo 42 kilos y 90 kilos, respectivamente. Dentro de este gran apetito, hay espacio para pasar de la carne y los productos lácteos a más alimentos basados ​​en plantas. 

“Los europeos están vinculados culturalmente al consumo de carne y productos lácteos”, dicen los investigadores. “Reducir nuestra huella climática no necesariamente requiere dejar de comer estos productos alimenticios, sino más bien diversificar nuestras dietas para reducir la proporción de estos”. 

Sandström, et. al. “El papel del comercio en las huellas de gases de efecto invernadero de las dietas de la UE.” Global Food Security. 2018.

Imagen: Pixabay

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