Restaurar la población de grandes mamíferos herbívoros podría ayudar a combatir el cambio climático.

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Traducido por Brenda Moreno Espinosa

En gran parte del Ártico, el cambio climático ha fomentado el crecimiento de arbustos. Con sus hojas y coronas anchas que asoman por encima de las nieves invernales, los arbustos absorben más calor que la hierba, acelerando el calentamiento de la región, un proceso que se puede revertir con la repoblación del reno.

¿Dónde pueden los grandes herbívoros ayudar a evitar que la Tierra se sobrecaliente? O, para expresarlo más científicamente, “¿podría una parte de la solución para mitigar el cambio climático antropogénico, radicar en la restauración de la mega-fauna existente en los ecosistemas?”

Así lo describen los investigadores dirigidos por Joris Cromsigt, ecologista de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, y la paleo-ecóloga Felisa Smith de la Universidad de Nuevo México, en la revista Philosophical Transactions de la Royal Society B.

Los posibles beneficios climáticos de la “reconstrucción trófica”, un nombre elegante para restaurar niveles perdidos de cadenas alimentarias, en este caso, grandes mamíferos que se alimentan de plantas, se extienden mucho más allá del Ártico. Sus hábitos alimenticios pueden influir en la vegetación de manera que ayude a capturar carbono; el estiércol y la orina enriquecen los suelos y ayudan a la vegetación a crecer, extrayendo más dióxido de carbono del aire.

En el Serengeti en Tanzania, por ejemplo, la creciente población de ñus en la década de 1960 redujo la ocurrencia de incendios forestales que arrojaban hollín al reducir la cantidad de hierba en el paisaje y al mismo tiempo nutrir los suelos para que otras plantas pudieran crecer. “Este efecto fue tan fuerte que convirtió al Serengeti de una fuente de carbono en un sumidero de carbono”, escriben los investigadores, “aproximadamente el equivalente a las emisiones anuales de combustibles fósiles de África oriental”.

Los herbívoros no tendrán los mismos efectos en todas partes, advierten. Los efectos variarán según los ecosistemas. Y no será una solución de bala de plata, pero de cualquier forma, nada  lo es. Al menos, los grandes herbívoros podrían ser una parte importante de las cadenas regionales de mitigación del cambio climático.

En la actualidad, la financiación gubernamental para aumentar el almacenamiento de carbono natural tiende a centrarse en la plantación de árboles. “¿Por qué estos programas no invierten en la lucha contra la crisis de la carne de animales silvestres y en la repoblación de nuestros bosques tropicales vacíos con frugívoros mega-faunales”, escriben Cromsigt y sus colegas, “o detienen el ataque actual contra la mega-fauna africana y asiática, como elefantes y rinocerontes?”

 

Habría, por supuesto, muchos detalles para trabajar. En muchas regiones, volver a colocar grandes herbívoros silvestres en los paisajes de los cuales se han extirpado requeriría la remoción de ganado. Los ganaderos no lo verán con amabilidad. Y aunque parte de la producción de carne perdida sería reemplazada por la caza sostenible de rebaños silvestres, dice Cromsigt, “esto obviamente implicaría una reducción importante en el consumo de carne”.

También es posible imaginar que la idea sea contraproducente, con ciertos animales o ecosistemas estigmatizados por no captar suficiente carbono. Sería un mundo fríamente utilitario si toda la naturaleza fuera vista únicamente en términos de su capacidad de compensación. “Supongo que siempre existe este riesgo potencial”, dice Cromsigt, pero la naturaleza ya se maneja por muchas razones. El clima también podría ser parte de la ecuación.

Los investigadores piden más estudios sobre dónde y cómo podrían ayudar los herbívoros. “Los efectos de la mega-fauna faltan en los principales modelos del sistema terrestre y climático”, escriben, “y apenas son reconocidos por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. Mientras tanto, sin embargo, no se necesitan más estudios para saber que los grandes mamíferos herbívoros están en problemas.

De las 74 especies de herbívoros terrestres que pesan más de 100 kilogramos, casi dos tercios están en peligro de extinción. Muchos de los que probablemente no se extinguirán están experimentando dramáticos descensos en el rango y la población.

“Estamos perdiendo la última mega-fauna restante de la Tierra”, dicen Cromsigt y sus colegas, “y con ello una opción potencial para abordar el cambio climático”.

Fuente: Cromsigt et al. “¿Reconstrucción trófica como una estrategia de mitigación del cambio climático?” Transacciones filosóficas de la Royal Society B, 2018.

Imagen: Kirill Ignatyev

Sobre el autor: Brandon Keim es un periodista independiente especializado en animales, naturaleza y ciencia, y el autor de El ojo de la lavandera: Historias del mundo vivo. Conéctate con él en Twitter, Instagram y Facebook.

 

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