Cómo convertir una plaga perseguida en un ingeniero de ecosistemas.

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Traducido por María Fernanda Enríquez

Entre las características ecológicas distintivas de la era del Antropoceno, el Homo sapiens es una predilección por destruir especies clave: aquellas criaturas cuyas actividades crean hábitat y nutren redes enteras de la vida.

Los conservacionistas han tratado de revertir esta tendencia, con esfuerzos enfocados en depredadores y grandes herbívoros. Sin embargo, otra clase de especies clave no ha recibido mucha atención: los animales, en particular los roedores excavadores, que todavía son abundantes en términos de números absolutos pero que rara vez cumplen con sus roles históricos de promoción de la vida. 

Fomentar nuevas poblaciones de estas especies «es una forma descuidada pero prometedora de intervención de conservación», escriben investigadores dirigidos por Ron Swaisgood, Director de Ecología de la Recuperación en el Instituto para la Investigación de la Conservación del Zoológico de San Diego, en la Revista Animal Conservation

Swaisgood y sus colegas centraron su atención en las ardillas de tierra de California, un roedor del tamaño de un lobo que se encuentra en todo el oeste de los Estados Unidos. Proporcionan una importante fuente de alimento para los depredadores; sus madrigueras airean el suelo y amueblan casas para otros animales; su presencia mantiene los pastizales, uno de los ecosistemas más amenazados del mundo, y crea mosaicos de hábitats.

Sin embargo, cuando son lo suficientemente abundantes para hacer todo esto, a menudo no son bienvenidos. «Al igual que muchos otros mamíferos pequeños, las ardillas de tierra de California también se encuentran entre las especies clave perseguidas como plagas y caracterizadas por un potencial de conservación no realizado», escriben los investigadores. Las ardillas «rara vez se incluyen en los planes de manejo de conservación».

Además, a menudo están ausentes de las áreas protegidas, donde fueron extirpadas hace mucho tiempo y aún no se han recolonizado. Los pocos intentos que se han hecho para trasladar las colonias a lugares nuevos no han tenido éxito.

El equipo de Swaisgood describe sus propios esfuerzos de translocación, que involucraron 707 ardillas de tierra capturadas en sitios alrededor de San Diego y se trasladaron a varios lugares nuevos. En cada uno de ellos experimentaron con diferentes formas de preparación de hábitat: cortar el césped, cavar madrigueras de iniciación o dejar intacta la vegetación existente, y proporcionaron refugio y alimentos para ayudar a las ardillas a instalarse. Durante el transcurso de un año establecieron nuevas comunidades con éxito en seis de nueve parcelas de prueba.

En la actualidad, señalaron los investigadores, esas parcelas se caracterizan por pastos no nativos y una función reducida del ecosistema. En el futuro, las nuevas colonias de ardillas las transformarán, y no en réplicas de lo que existía antes, sino en un híbrido de lo nuevo y lo viejo. “Nuestro enfoque no pretende restaurar la comunidad ecológica original”, escriben los investigadores, “sino tomar un ecosistema en su mayoría novedoso e incrementar su valor para la conservación de plantas y animales nativos.

Algunas de las lecciones aprendidas, como la efectividad de los regímenes de corte antes del trasplante, pueden ser específicas de la ardilla. Otros, como la importancia de mantener unidas a familias enteras y grupos vecinos, podrían aplicarse a proyectos que involucren a otras especies sociales.

Otros roedores madrugadores comunes y aún perseguidos incluyen perros de las praderas en el suroeste de Estados Unidos, conejos europeos y pikas de meseta en Asia central. Cuando estos animales no son deseados, sugieren Swaisgood y sus colegas, podrían ser trasladados a áreas protegidas de las que ahora están desaparecidos, y algún día, tal vez, las personas podrían simplemente abrazar roedores clave en lugar de considerarlos plagas.     

Fuente: Swaisgood et al. “Captura de plagas y liberación de ingenieros de ecosistemas: translocación de especies comunes pero disminuidas para restablecer roles ecológicos.Animal Conservation, 2019.

Imagen: Pixabay

Acerca del autor: Brandon Keim es un periodista independiente que se especializa en animales, naturaleza y ciencias y autor de The Eye of the Sandpiper: Stories From the Living World. Puede conectarse con el en Twitter, Instagram y Facebook.

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