Los alcaldes tienen más poder del que se imaginan en temas de clima

Traducido por María Fernanda Enríquez

Una proporción sustancial de las huellas de gases de efecto invernadero de una ciudad se origina fuera de la ciudad, según un estudio publicado el 7 de noviembre en Científic Reports. El análisis sugiere que las ciudades están en una buena posición para refrenar las emisiones de carbón global – si pueden aprovechar su influencia.

Las ciudades cada vez están más comprometidas con la lucha contra el cambio climático. Por lo menos 7,500 ciudades alrededor del mundo, con una población de 685 millones de personas, se han unido al Convenio Global de Alcaldes para el Clima y la Energía y se han comprometido a reducir sus emisiones de carbono.  Pero hay un punto ciego: “La mayoría de ciudades aún enfocan sus esfuerzos de reducción totalmente en las emisiones emitidas en su territorio” según los investigadores.

Este método de cálculo significa que las ciudades deben responder por el gas que usan para cocinar un bistec en el restaurante del centro, pero no por las emisiones al producir el bistec en si mismo.  Y si una planta de energía municipal o incinerador de basura está fuera de los límites de la ciudad, sus emisiones no cuentan.

Las emisiones de carbón que ocurren a lo largo de la cadena de producción hasta llegar al consumidor final se conocen como emisiones anteriores.  “Los oficiales de la ciudad no conocen de las emisiones anteriores o tienen dudas sobre su habilidad para contabilizarlas o controlarlas” según los investigadores.

Para cambiar esto, los investigadores desarrollaron una herramienta para calcular la emisión de gases de efecto invernadero en áreas urbanas y las usaron para evaluar las huellas de carbón en viviendas en cuatro ciudades: Berlín, Alemania; Delhi, India; Ciudad de México, México; y Nueva York, Estados Unidos.

Combinaron información sobre emisiones directas en los hogares (obtenidas del inventario de emisiones de cada ciudad) con un modelo de computación comúnmente usado para calcular emisiones anteriores.  El resultado es un método que puede ser aplicado consistentemente a través de ciudades en diferentes áreas geográficas y según diferentes niveles de desarrollo.

Los investigadores descubrieron que la huella de emisión de gases de efecto invernadero en Delhi es equivalente a 1.9 toneladas de dióxido de carbono por persona por año.  El total de Ciudad de México es equivalente a 3.1 toneladas de dióxido de carbono por persona por año, para Berlín 8.9 toneladas de dióxido de carbono por persona por año y para Nueva York 14.2 toneladas de dióxido de carbono por persona por año.

La mayoría de esta huella viene de emisiones anteriores a lo largo de la cadena de producción hasta el consumidor final.  Las emisiones anteriores son equivalentes a 1.4 toneladas de dióxido de carbono por persona por año en Delhi, 2.3 toneladas en Ciudad de México, 7.3 toneladas en Berlín y 10.6 toneladas en Nueva York.

Fundamentalmente, estas emisiones son casi tan grandes, y en algunas ciudades aún más grandes, que las emisiones territoriales que las cuatro ciudades calcularon para ellas mismas.  Esto significa que cuando las ciudades utilizan el método territorial de cálculo para carbono, subestiman el impacto ambiental real – y sus oportunidades para reducir carbono.

En todas las cuatro ciudades, alimentación, vivienda y transporte son responsables por más de tres cuartos de la huella de emisión de gases de efecto invernadero.  Estos sectores también son responsables por tres cuartos de las emisiones anteriores.  Esto significa, que las políticas para reducir emisiones dentro de la ciudad pueden también tener un impacto en las emisiones anteriores, según argumentan los investigadores.

Por ejemplo, las políticas de peajes para disminuir la congestión o inversiones en transporte público alientan a las personas a manejar menos y comprar menos automóviles o automóviles más pequeños.  Entonces, pueden reducir la cantidad de combustible que se gasta en la ciudad y las emisiones anteriores asociadas con el sistema de transporte.  Además, pensar más acerca de las emisiones anteriores podría animar a las ciudades a escoger materiales bajos en carbono para flotas de transporte e infraestructura.  “Nuestros resultados sugieren que los líderes urbanos pueden, en verdad, influenciar algunas de las fuentes principales de emisiones anteriores fuera del territorio” según los investigadores.

Fuente: Pichler P.-P. et al. Reducing urban greenhouse gas footprints. Scientific Reports. 2017.

Imagen: Troy David Johnston via Flickr.

  | Anthropocene

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