La sorprendentemente y sofisticada vida de las ratas.

Traducido por Brenda Moreno Espinosa.

Ninguna criatura es perseguida incesantemente como las ratas noruegas, conocidas científicamente como Rattus norvegicus, comúnmente llamadas ratas marrones, y a menudo se les nombra con un grito y una llamada al exterminador.

Sin embargo, para las personas que las estudian, las ratas son animales notables. En los últimos años los científicos han descrito los rasgos que poseen y que durante mucho tiempo fueron únicos de los humanos y algunas criaturas extra inteligentes tales como: empatía, autoconciencia, recuerdos complejos, elaborados sistemas de comunicación y un sistema social fundado en la cooperación mediada por el comercio de productos básicos.

Que las ratas puedan tener sistemas de intercambio (tú limpiaste mi espalda y yo limpiaré la tuya), no es tan sorprendente. Pero el intercambio de diferentes bienes y servicios, como la preparación para la comida o viceversa, y el seguimiento de quién debe qué, se considera un comportamiento altamente sofisticado y cognitivamente exigente. Es el tipo de comercio que es fundamental para la sociedad humana, y como se describe en un estudio publicado en Current Biology y escrito por los ecologistas del comportamiento Manon Schweinfurth y Michael Taborsky de la Universidad de Berna, las ratas lo hacen también.

Su estudio incluyó experimentos llevados a cabo en el laboratorio que les permitieron controlar cuidadosamente las variables y registrar en detalles precisos, las causas y efectos de los intercambios de alimentos y aseo entre 37 pares de ratas noruegas. El entorno fue importante: otros investigadores hicieron tales afirmaciones para ratas y varias otras especies, pero a excepción de los primates, esas afirmaciones se basaron en observaciones que dejaron dudas sobre si estaban involucrados otros principios no cooperativos.

“La prevalencia de la cooperación recíproca en animales no humanos” además de los primates ha sido “debatida apasionadamente”, escriben Schweinfurth y Taborsky, pero sus resultados fueron fríamente claros. De hecho, las ratas se dedicaban a intercambios recíprocos, mutuamente beneficiosos, basados ​​en reglas, de diferentes tipos de favores.

Las implicaciones son muchas. “Esta capacidad no está limitada a los primates, pero puede haberse originado mucho antes en la evolución de los vertebrados”, escriben Schweinfurth y Taborsky; el comercio complejo de bienes y servicios “podría ser de naturaleza generalizada”, que involucra no solo alimentos y aseo personal, sino también territorio, asistencia en conflictos, ayuda con los bebés y cualquier otra cosa que sea importante para los animales involucrados.

Esa posibilidad, ese sentido de otros animales comprometidos en relaciones sociales no tan diferentes de las nuestras, agrega nuevas capas a nuestra apreciación del mundo no humano. También llega en un momento oportuno: entre las discusiones catalizadas por el concepto del Antropoceno, una era de impacto humano omnipresente, dónde las personas  podrían continuar viendo a los humanos como separados en el árbol de la vida o compartiendo características que valoramos en nosotros mismos con muchos otros seres.

En cuanto a las ratas, cuya resistencia a la persecución humana podría estar parcialmente enraizada en la sofisticación cooperativa descrita por Schweinfurth y Taborsky, tal vez eventualmente aprendamos a verlas bajo una nueva luz. “Mis estudios resaltan que se trata de individuos con conciencia social que reconocen a los demás individualmente, muestran un contagio emocional, aprenden unos de otros y se ayudan unos a otros”, dice Schweinfurth. “Todo esto debe tenerse en cuenta cuando los mantenemos en laboratorios, como mascotas o cuando tratamos de deshacernos de ellos en las ciudades”.

Fuente: Schweinfurth, Manon K. y Taborsky, Michael. “Comercio recíproco de diferentes productos entre ratas noruegas”. Current Biology, 2018.

Imagen: Ian McFarlane / Flickr

Sobre el autor: Brandon Keim es un periodista independiente especializado en ciencias, animales y naturaleza, y el autor de El ojo de la lavandera: historias del mundo de los vivos. Conéctese con él en Twitter, Instagram y Facebook.

 

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