El problema con las políticas alimentarias ambientales que son ciegas a la desigualdad alimentaria

El problema con las políticas alimentarias ambientales que son ciegas a la desigualdad alimentaria

 

Traducido por María Fernanda Enríquez

Para acabar con el hambre en el mundo, necesitaremos aumentar dramáticamente la producción de alimentos … ¿verdad? No es así, dice un grupo de investigadores que descubrieron que si combatimos el hambre abordando la desigualdad alimentaria, solo requeriríamos un pequeño aumento del 3% en la producción mundial de alimentos. Por otro lado, simplemente producir más alimentos, a menudo visto como la respuesta predeterminada para acabar con el hambre, causaría un aumento innecesario del 20% en la producción mundial, lo que llevaría a un daño ambiental profundo, revelan los investigadores. Publicado en Nature Sustainability, su estudio modela los efectos de dos posibles escenarios futuros para 2030. En el primero, “tratamos” el hambre con más producción de alimentos, a raíz de un crecimiento económico sostenido. En el segundo, los gobiernos desarrollan enfoques, como esquemas de cupones de alimentos, mejor apoyo a los ingresos y programas de alimentación escolar, que abordan deliberadamente el hambre, en lugar de simplemente asumir que se acumularán más alimentos de manera equitativa y solucionarán el problema. Los investigadores descubrieron que impulsar activamente la producción de alimentos, pero permanecer ciego a la desigualdad alimentaria, requeriría 48 millones de hectáreas más de tierra, en comparación con un escenario de referencia de negocios habituales. Eso significa que la producción mundial de alimentos tendría que aumentar en un quinto para 2030. Si bien este enfoque reduciría efectivamente el hambre global, también causaría una disponibilidad desproporcionada de alimentos, lo que a su vez generaría un mayor consumo excesivo en algunas regiones. Eso ampliaría fundamentalmente la brecha entre los nutridos y los desnutridos del mundo. Por ejemplo, según este modelo, produciríamos casi el doble de la cantidad de proteína necesaria para alimentar al mundo. Y a medida que aumenta la disponibilidad de alimentos, también aumentaría el número de humanos que consumen en exceso de 3,1 mil millones en el escenario habitual, a 4,9 mil millones para 2030. Ambientalmente hablando, este aumento en la producción causaría la destrucción de casi 50 millones de hectáreas de bosques y otros hábitats naturales. Además, todo el fertilizante adicional, la producción ganadera y la destrucción del hábitat liberarían 550 toneladas más de dióxido de carbono equivalente a la atmósfera, en comparación con el escenario habitual. En un escenario alternativo, los investigadores exploraron lo que sucedería si erradicar el hambre fuera el objetivo explícito, logrado al desviar los alimentos disponibles a quienes más los necesitan. Descubrieron que un enfoque tan personalizado cerraría la brecha en el sistema alimentario al tiempo que requeriría solo un aumento marginal (3%) en la producción de alimentos, principalmente debido a la expansión de las tierras de cultivo. En este escenario, la producción ganadera se reduciría y “las compensaciones ambientales asociadas casi desaparecen”, encontraron los investigadores, porque se requiere muy poca producción extra de alimentos. “La desnutrición no es un problema de la capacidad de producción agrícola sino del sistema económico y político actual”, escriben. Subiendo la apuesta, analizaron lo que sucedería si combinaran las políticas de erradicación del hambre con los esfuerzos para aumentar también la intensificación agrícola (usando menos tierra para producir más alimentos), reducir el desperdicio de alimentos y el consumo excesivo global. Tomados en conjunto, todos estos pasos no solo erradicarían el hambre, sino que también reducirían la demanda general de alimentos en un 9%, un doble beneficio para las personas y el planeta.

 

 

 

 

Hacer todo esto requeriría una gran voluntad política y la rápida implementación de políticas para cerrar la brecha nutricional, señalan los investigadores. Pero hay una motivación: el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2030 para erradicar el hambre en el mundo. Su estudio ofrece una visión sobre cómo abordar este desafío, pero quizás lo más importante es que propone que no se sacrifique el medio ambiente hacia ese ambicioso objetivo. Fuente: Valin et. al. “Abordar la desigualdad en el consumo de alimentos para combatir el hambre sin presionar al medio ambiente.” Nature Sustainability. 2019.

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